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martes, 6 de julio de 2010

CRIATURA

Abrió los ojos con dificultad, parecía como si alguien le hubiese gastado una broma pesada, sus párpados estaban pegados con una pequeña sustancia amarillenta y viscosa. Se dispuso a deshacerse de ella pero entonces descubrió algo que le dejó estupefacto. Su cuerpo se había transformado en una masa blanda y rosada... El miedo le paralizó, durante unos instantes permaneció panza arriba, sumido en la más absoluta confusión. Cuando al fin se atrevió a estirar una de sus extremidades, comprobó que ésta se bifurcaba en cinco partes de distintos tamaños y de menor anchura. Observó los pliegues y se sobresaltó al comprobar que se podían convertir en una especie de bola al doblarlos todos a la vez. Su nuevo cuerpo le parecía tan extraño... Le hacía sentirse tan vulnerable, tan frágil... Quiso pedir ayuda, pero el único sonido que pudo emitir era un chillido agudo y entrecortado. Un miedo atroz se apoderó de él y sin saber cómo ni por qué, sus ojos se llenaron de un líquido transparente que le resbaló hasta la boca y le supo a sal. Desesperado, comenzó a balancearse de un lado a otro para colocarse boca abajo. Lo logró, pero su cuerpo nuevo resultó ser demasiado pesado y echaba en falta como mínimo dos patas más. Para colmo su cabeza parecía ir por libre y pesaba como un balón de reglamento. Tenía sed, no le quedaba otra opción, tenía que levantarse e ir en busca de algo con lo que nutrirse. Torpemente avanzó a rastras, la superficie era suave y lisa, cuando llegó al borde, no le dio tiempo a prepararse, cayó como una piedra y de sus extremidades inferiore brotaron unas gotitas rojas produciéndole un intenso dolor. Volvió a emitir aquel chillido entrecortado... Abrió los ojos de golpe, sus antenas reconocieron el lugar en el que se encontraba y se sintió a salvo. Su madre se frotaba las patas y le miraba con preocupación. "¿Otra vez soñando que eres una cría humana?"
"Sí mamá, y era horrible."

viernes, 12 de marzo de 2010

INSOMNIO

Abrió los ojos en la oscuridad, el incesante goteo del grifo de la cocina no era precisamente una gran ayuda para combatir el insomnio. Palpó con cuidado el lado izquierdo de su cama, pero él no estaba. “El vuelo ha sido retrasado, no me esperes despierta .” Los malditos mensajes de texto eran más fríos que la nariz de un perro. Se levantó, cerró bien el grifo y encendió la tele; a esas horas sólo echaban porno barato, anuncios interminables o programas en los que una presentadora histérica promete un montón de dinero a quien llame y acierte la respuesta a cualquier pregunta estúpida del tipo “¿Qué fruta empieza por “m” y tiene tres “as”?”. Apagó la tele, tenía ganas de fumar, ya sabía que no era lo más recomendable en su estado, pero le apetecía. “Es mi premio por decir manzana.” Acto seguido se abrigó y salió a la calle, lo último que quería era que la casa oliera a tabaco. Y volver a discutir… Le quedaban dos caladas cuando el Alfa Romeo se detuvo frente al portal. Y ahí, de pie junto a una farola fundida, pudo ver cómo su marido, el impecable hombre de negocios, se la pegaba con una chica que, por cierto, se parecía a la presentadora.


lunes, 20 de julio de 2009

SU VOZ


Su voz te sigue rondando.

No eres capaz de olvidar su voz.

Quizás si la escuchases por última vez…

Quizás así desaparecería.

Pero cómo…

Ya lo has probado todo.

No hay forma de encontrarla.

Te mintió en todo, su nombre, su vida…

Pero su voz , era sincera.

Menuda contradicción.

Visto desde fuera sí, pero para ti tiene sentido.

Si no, no habría motivo para estar tan preocupado.

¡¿Por qué no se para ese reloj?!

Empiezas a impacientarte.

Has hablado con otras, has estado con otras,

pero ninguna podría compararse a ella.

Ninguna podría rozar si quiera el nivel de su dulzura.

No puedes dormir, devoras las paredes cada madrugada.

No puedes rendir en el trabajo.

Todo te recuerda a ella.

Estás enfermo, te dicen, pero tú sabes que no.

Que sólo quieres encontrarla, estar a solas con ella,

y escuchar su voz, antes de silenciarla para siempre.
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lunes, 6 de julio de 2009

La noche nunca se apaga en la ciudad.

Alguna que otra estrella se esfuerza en resaltar y ser visible a través de todas esas luces artificiales. Los coches cortan el aire helado de la madrugada.

Ligeramente embriagada observas las luces que pasan tan rápido como las balas.

De pronto recuerdas cómo una de esas balas se hundió en tu pecho...

Te trasladas sin decir nada. Revives aquel momento y el aires se hace escaso. Aquella bala

te dio de lleno. Estás herida y el dolor que te invade es casi tangible.

En tu mente el asfalto se refleja en el cielo. Ya no hay luz, ni sonidos externos; estás sola. Caminas por la acera sin vacilar, sin prestar atención a los fantasmas que te vienen a visitar.

Su voz, sincera y sin titubeos, resuena en tu memoria y te destroza.

Intentas escapar pero no puedes huir de algo que llevas dentro.

Entonces, te giras y me miras. Tu expresión es tan triste...

Pienso que estás a punto de echarte a llorar, pero sonríes.

Y me dices que tus lágrimas son de ácido...

Y yo, que tengo lágrimas de bezoya, lloro por ti.

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lunes, 8 de junio de 2009

Ironías de una planta

Me diste una semilla y dijiste:

haz con ella lo que te venga en gana.

Y lo primero que hice

fue ir a ver a mi prima Ana,

sí, la misma que vive exiliada

en una isla naturista.

No sé si fue el oleaje

o el calor que se pegaba

a cada poro de mi piel,

pero estuve unas semanas

sin parar de devolver.

Han pasado varios meses

y aún conservo tu ironía

en un saquito de tela

que guardo bajo mi almohada.

Porque aunque Ana

me explicó lo que quería,

no hacía falta...

Solo me bastó escuchar el nombre.

Quedan unos días

para que nazca la niña,

y se llamará María.